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Abr 13 2008

Tragedia en canillas

Publicado por admin a las 23:13 en Desaparecidos, Niños & Menores, Noticias

Manuel Marín murió al caer por un barranco de unos 60 metros

El menor de Canillas de Aceituno pudo fallecer el mismo día de su desaparición. La Guardia Civil mantiene abiertas todas las hipótesis aunque se decanta por un posible suicidio. El cuerpo estaba desfigurado por la descomposición y será preciso recurrir a pruebas de ADN para su identificación

I. GUERRERO/M.A.R. CANILLAS DE ACEITUNO El cuerpo sin vida de Manuel Marín Hidalgo, el menor de 15 años desaparecido la tarde del 31 de marzo en Canillas de Aceituno, fue hallado ayer por la mañana en el fondo de un barranco de Sierra Tejeda por uno de los equipos que participaban en las batidas de búsqueda. El cadáver se encontraba en una zona de difícil acceso, por lo que fue necesario emplear cuatro horas en su rescate.
Según informó ayer el Ayuntamiento de Canillas de Aceituno en un comunicado, especialistas del Grupo Operativo de Alta Montaña de la Guardia Civil encontraron el cadáver del menor en torno a las 11.30 horas en la zona conocida como Peñón Grande, en un paraje de gran pendiente al cual sólo se puede acceder a pie y que se encuentra a apenas un kilómetro y medio del pueblo.
Aunque en un principio se barajó evacuarlo en helicóptero, los agentes tuvieron que optar finalmente por rescatarlo a mano, debido a lo complicado de la zona, ya que se encontraba en un precipicio, entre rocas y matorral.
Una vez rescatado, sobre las 15.30 horas, efectivos de la Guardia Civil y de Cruz Roja condujeron el cadáver hasta el campo de fútbol municipal de Canillas de Aceituno, donde la policía judicial había habilitado un hospital de campaña en el que el médico forense certificó la muerte en presencia del juez de guardia y un familiar identificó las ropas como las que llevaba Manuel Marín el día de su desaparición. El menor portaba además las llaves de su domicilio. Sus familiares precisaron entonces la ayuda de un equipo de intervención de apoyo psicológico por el impacto que les causó la noticia.
Pruebas de ADN. El cadáver, no obstante, no fue identificado plenamente por los familiares, debido a que se encontraba desfigurado por efectos de la putrefacción, por lo que será preciso recurrir a pruebas de ADN para tener la completa certeza de que se trata del joven desaparecido, según informaron fuentes de la Guardia Civil.
Apenas quince minutos más tarde, los restos mortales de Manuel Marín fueron trasladados a las instalaciones de la clínica forense del Instituto de Medicina Legal de Málaga, situadas en la Ciudad de la Justicia, donde sobre las 17.30 horas de ayer comenzó a realizársele la autopsia. Finalmente, las pruebas forenses confirmaron que el menor murió por “una clara precipitación de altura”, según informó el IML.
La Guardia Civil no descarta ninguna hipótesis como causa de la muerte, que pudo producirse el mismo día de su desaparición al precipitarse al vacío desde una altura de unos 60 metros. Sí confirmó, en cambio, que se descarta la participación de terceras personas en el trágico desenlace. El alcalde de la localidad, José Manuel Aranda, explicó que aunque los forenses deben determinar aún las causas de la muerte, “todo apunta a que pudiera tratarse de un suicidio”.
Manuel Marín Hidalgo fue visto por última vez en la tarde del pasado 31 de marzo, cuando le dijo a un amigo que no iba a ir al entrenamiento de fútbol. Cuando salió de su casa iba sin dinero, sin móvil ni documentación.
Desde entonces se puso en marcha un amplio dispositivo de búsqueda, así como labores de reparto de cientos de octavillas con el rostro del joven y convocatorias ciudadanas como la concentración que reunió el lunes a más de 4.000 personas en el pueblo para pedir el regreso del joven. Dentro del operativo se repartieron fotos del joven con teléfonos de contacto en municipios de Málaga y se pegaron carteles en paradas de autobuses, ya que expendedoras de billetes de la estación de Torre del Mar aseguraban haberle visto.

Estaba semi tendido y con la cara mirando hacia el suelo
José López, celador forestal de la Consejería de Medio Ambiente, formaba parte del grupo de expertos que encontraron el cuerpo a las 11.30 horas en el Peñón Grande. Le acompañaban otro celador más, dos agentes del Grupo de Alta Montaña de la Guardia Civil y un Policía Local.
Sobre la hora citada, los componentes de la partida de búsqueda hallaban el cadáver de Manuel Marín bajo el tajo, en una escarpada zona de tres pinos, entre dos árboles.
El cuerpo estaba semi tendido y con la cara mirando hacia el suelo. Tenía el rostro desfigurado por el impacto y se encontraba en avanzado estado de descomposición. Lo vio un guardia civil a una distancia de 25 metros, después de que llevaran recorrido casi 30 kilómetros desde que salieran del Polideportivo Municipal, sobre las 10.00 de la mañana, donde se había instalado el puesto de partida y llegada.
Había gente del pueblo muy cerca haciendo las batidas y concretamente el lugar ha sido definido por José López como “una quiebra del tajo”, ubicado bajo el peñisco que tiene una longitud o caída de unos 60 metros. Llevaban andando una hora por la sierra, por caminos quebrados, rocosos y de muy difícil acceso.

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